5.22.2009

Paul Roberts: "¡Hay que volver a cocinar!"

·Es un especialista en la interrelación entre economía y medio ambiente. Ha publicado El hambre que viene (Ediciones B), un estudio sobre la crisis alimentaria y sus consecuencias
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=614750&idseccio_PK=1006&h=
http://estaticos02.cache.el-mundo.net/elmundo/imagenes/2009/03/19/1237487577_0.jpghttp://www.libreriasdelfondo.com/portadas/OFE/A_500/9788466636339.jpg
EP--Su libro se titula El hambre que viene. ¿Nos asustamos?
PR--Tomemos conciencia. El panorama no es alentador. La energía y el agua, los dos pilares de la producción de alimentos, empiezan a escasear y la población va en aumento.
--¿Se acabarán los alimentos?
--Será un proceso gradual...
--¿Gradual? ¿Qué pasará?
--El consumo de carne debe bajar. Para producir un kilo de carne se precisan ocho de cereales. Si el resto del mundo empieza a comer tanta como en EEUU --98 kilos al año por norteamericano--, el sistema se colapsará sin remedio.
--¿Algún plan B?
--¿Sálvese quien pueda?
--Es una broma, ¿no?
--Naturalmente que lo es. Pero no hay un plan B porque no hay un plan A. Hay estrategias concretas sobre clima, energía o hambre en ciertas zonas, pero no hay una estrategia global. Si se activaran todas serían como las piezas de un puzle.
--Mientras, ¿qué podemos hacer los ciudadanos?
--La mayoría de las soluciones deben ser tomadas por los gobiernos, que son quienes controlan las infraestructuras, pueden legislar sobre tasas y hacer inversión en tecnologías que permitan la producción de comida con menos agua, energía y fertilizantes, que apuesten por modelos de agricultura más integrados...
--O sea, no podemos hacer nada de nada.
--Sí que podemos. Los consumidores somos receptores pasivos. A lo largo de los últimos 100 años, EEUU ha pasado de producir lo que consumía a importar productos. El consumidor fue desterrado de la producción. ¡Ha llegado el momento de recuperar un papel activo! Dejar de vernos solo como consumidores. Ser un poco productores.
--¿Montamos un huerto en la azotea?
--¡Hay que volver a cocinar!
--Tantos años intentando emanciparnos de las ollas...
--Al cocinar, entramos en el proceso de producción. Nos obliga a ir a comprar los productos, a pedir información sobre ellos, a dedicar un tiempo a pensar cómo cocinarlos. Si hay quien cocina para ti, comer es algo sin interés.
--No hay tiempo para fogones.
--Muchos pasan cuatro horas delante de la tele.
--Eso dice la estadística.
--Y luego nos obsesiona la presencia de fibra, el número de calorías, el colesterol malo y los azúcares refinados, pero olvidamos hacernos las preguntas fundamentales.
--¿Qué preguntas son esas?
--¿De dónde viene la comida? ¿Se produce de manera segura? ¿Hay injusticia en su producción? ¿Dónde estoy yo en la cadena alimentaria?
--¡Con tanta pregunta perderemos el apetito!
--No tema. Los humanos estamos diseñados para preocuparnos mucho por la comida. El hombre siempre se ha espabilado para encontrarla.
--Sin embargo, dé algunas pistas.
--Hay que acostumbrarse a consumir productos de temporada. Y acabar con ese falso sentido de la abundancia. Las fresas duran lo que duran. La temporalidad es algo propio de la vida. Eso es así, mal que le pese a los minoristas, que quieren transmitir la idea de que todo está disponible en todo momento. No quieren pensar en la muerte...
--El hambre sí la recuerdan.
--Se produce comida suficiente para todo el mundo, pero el hambre está ligado a la política y la economía, a la corrupción, a la imposibilidad de llevar alimentos adonde se necesitan. En el África subsahariana la falta de vitamina A causa la ceguera en millones de niños, por ejemplo. ¡Es un escándalo! Como también lo es que en EEUU gastemos más en dietas que en luchar contra el hambre.
--EEUU tiene parte de los mil millones de obesos del mundo.
--Sí. El acceso a la comida es fácil y barato y resulta atractiva.
--A veces, demasiado.
--Los norteamericanos gastan 38.000 millones de dólares en tentempiés. Y resulta chocante ver cómo las empresas se han reprogramado para satisfacer ciertas necesidades. Está tan distanciado el lugar donde se produce el alimento del lugar donde se comercializa que, para arreglar el desaguisado, se emplean todo tipo de colores, sabores y aromas artificiales. ¡Lo simple es lo mejor!
--Solo falta que diga que nos hostigarán pandemias alimentarias...
--Veremos las enfermedades propias del proceso de producción, sí. El problema es que la propagación es hoy muy rápida, cosa que se ha visto con la gripe A. En el caso de la comida, se transporta con tanta rapidez que, cuando se detecta un foco, se ha distribuido ya muy lejos. El problema es el sistema. El sistema.
[Fuente: elperiodico.com]

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